Respeto total al trabajo sexual

16/05/2018

El pasado 1 de mayo, al grito de: “¿De quién es la calle? ¡De quien la trabaja!”, las trabajadoras sexuales que forman parte de la brigada callejera en apoyo a la mujer “Elisa Martinez” (organización civil sin fines de lucro, que trabaja por la defensa de los derechos humanos, civiles y laborales, marcharon por treceava ocasión para exigir la derogación del artículo 24 fracción VII de la ley cultural cívica (son infracciones contra la tranquilidad de las personas: Invitar a la prostitución o ejercerla, así como solicitar dicho servicio. En todo caso sólo procederá la presentación del probable infractor cuando exista queja vecinal). Desde febrero 2013 las trabajadoras presentaron una demanda de amparo para denunciar la

 

 

desigualdad entre el trabajo sexual callejero y los demás trabajos realizados en la vía pública, y para la eliminación de dicho artículo. Para el 31 de enero de 2014, la juez Paula María García Villegas Sánchez Cordero les concedió el amparo sin embargo, dicho artículo no ha sido eliminado.

 

            Hay diversos factores que todo el tiempo están cruzando al trabajo sexual: la criminalización y estigmatización; la creencia de que son “sucias”, como compartió en la marcha una de las trabajadoras; la negligencia médica o la negación a dichos servicio; el desplazamiento obligado de sus lugares de trabajo por la gentrificación de los espacios: compran y construyen en las zonas de intercambio sexual y les quitan sus lugares de productividad por una cuestión de moralidad, de estatus; el peligro que representan ciertos clientes, no todos; los abusos y extorsiones policiacos; la necesidad de buscar un representante para poder ejercer en la calle y la nula posibilidad de crear una asociación por el riesgo de ser acusadas de lenocinio; la violencia de género que muchas veces termina en feminicidio; y la lucha contra el neoabolicionismo que pretende eliminar todo el comercio sexual como estrategia contra la trata de blancas: dicha postura se centra en la generalización de que todo el comercio sexual es trata, por ende todas las trabajadoras sexuales son víctimas que deben ser rescatadas.

 

            ¿Por qué el comercio sexual está tan criminalizado? ¿Es el comercio con el cuerpo lo que abre la discusión moral y deja a un lado muchas veces todo los factores mencionados anteriormente? En este sentido la profesión del actor podría ser comparable con la prostitución ya que, la herramienta del actor es su cuerpo y porque también crea una relación íntima, ficcional o no, con compañeros y público. Martha Lamas en su libro El fulgor de la noche menciona el trabajo de la autora Arlie Hochschild la cual dice que las trabajadoras sexuales también deben llevar acabo trabajo emocional: “Hochschild incluso utiliza un concepto fundamental para el teatro y se refiere (como Stanislavsky) a llevar a cabo una actuación profunda” (El fulgor de la noche, 165).

 

            Lamas también utiliza el trabajo de Martha Nussbaum en el cual hace un paralelismo entre las cantantes de opera y las trabajadoras sexuales. Plantea que antes, las mujeres decentes no tenían permitido cantar opera ya que mostraban su cuerpo expresando emociones exaltadas a extraños. Eso mismo sucedía en el teatro, los papeles femeninos eran interpretados por hombres y cuando se permitió a las mujeres actuar, fue bajo dos condiciones: que estuvieran casadas y que fueran acompañadas por sus cónyuges. “Nussbaum recuerda el desagrado y repudio que inicialmente produjeron las cantantes, así como las actrices y bailarinas, y señala que, cuando reflexionamos sobre nuestras perspectivas relativas al comercio sexual, debemos tomar en consideración dos vertientes: el prejuicio aristocrático clasista en contra de ganar dinero, y el miedo al cuerpo y sus pasiones” (El fulgor de la noche, 171-172).

 

            ¿Y acaso el trabajo actoral no es un trabajo como cualquier otro? ¿No nos ofendemos cuando nos insinúan que nos dediquemos a una profesión de verdad? ¿No los actores profesionales están en lucha por un salario digno? ¿No también nos enfrentamos, muchas veces, a la falta de contratos? ¿Al cierre de espacios teatrales? ¿Al recorte del  presupuesto cultural? ¿A nepotismo? ¿A discriminación por no dar el tipo latino internacional?  ¿Entonces por qué pareciera tan alejado el trabajo actoral del sexual y a su vez de todos los demás? ¿Es porque no sólo se usa el cuerpo sino también los órganos sexuales? Los actores también mostramos nuestro cuerpo desnudo en el cine y el teatro.

            La lucha de la trabajadoras sexuales es por la dignificación del trabajo, por legitimizarse, por poder laborar libre y voluntariamente. Su lucha es la lucha de los trabajadores. El estigma no debería ser comerciar voluntariamente con el sexo sino, la explotación laboral que sufrimos todos; la falta de educación de calidad; de oportunidades de crecimiento; de trabajos remunerados de manera digna. Las trabajadoras sexuales están en lucha y su lucha no debería sernos ajena.

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